| 1 Introducción
1 Introducción:
Crisis de las revistas tradicionales
Desde los años 80 y 90 se viene
hablando en la literatura especializada
de la denominada crisis de las revistas.
Esta crisis está motivada por los
siguientes problemas interrelacionados:
1) Elevados precios de las revistas (mercado
reducido, sin competencia real) y 2) Gran
demora entre la fecha en que se escribe
un artículo y éste aparece
publicado en la revista. Estos y otros
acontecimientos están poniendo
en tela de juicio el sistema tradicional
de publicación científica
cuestionando muy seriamente la filosofía
mantenida hasta ahora.
En primer lugar, la implantación
de Internet en toda la sociedad ha modificado
de forma rotunda el concepto de cómo
acceder a la información. De hecho,
y en lo relacionado con las revistas científicas,
además de surgir el concepto de
revista electrónica pura, la mayor
parte de las editoriales han reconvertido
en electrónicas sus revistas editadas
en papel, comercializándolas en
ambos formatos. En la década de
los noventa, se produce el nacimiento
de las revistas electrónicas, lo
que añade nuevos elementos críticos
al sistema tradicional de publicación
científica. Las principales características
que diferencian las revistas electrónicas
de las impresas son:
- Rapidez de producción y distribución
- Menores costes, dado que el único
coste que se aborda es el de la llamada
primera copia
- Capacidades multimedia
- Interacción autor-lector
El segundo factor es el alto coste económico
de las revistas científicas, en
cualquiera de las versiones distribuidas
por las editoriales. Este hecho es el
causante de que muchas instituciones estén
reduciendo drásticamente el número
de suscripciones por no poder asumir los
gastos tan elevados. Y así se da
la paradoja de que científicos
que están publicando y por tanto
alimentando a las revistas, no pueden
acceder a los contenidos de las mismas
por carecer de fondos sus instituciones.
Por otra parte, la decisión de
dónde diseminar o publicar los
resultados de investigación reside
en manos del investigador o su grupo de
trabajo. Existen miles de revistas y el
mercado es global. Así, la producción
publicada por una institución puede
encontrarse muy dispersa, de manera que
para tener acceso al trabajo de otros
colegas, incluso dentro de la misma institución,
la biblioteca tenga que subscribir las
revistas. Existe la sensación de
que una institución está
pagando dos veces, una por el salario
del investigador y de nuevo por la revista
para tener acceso a su producción.
Otro factor se refiere a la política
de embargo de muchos editores científicos
que supone una barrera para el libre y
rápido acceso a la información.
Los editores de revistas científicas
distribuyen los resultados de investigación
entre los medios de comunicación
antes que en el entorno académico.
Por ejemplo, las revistas Science
o Nature
ofrecen informes previos de sus artículos
de investigación que se publicarán
una semana después. También
lo hacen otras publicaciones y la mayoría
de esta información lleva el aviso
de que es información embargada
(EMBARGOED), de forma que está
prohibido su uso público hasta
una fecha y hora determinada que coinciden
con las de publicación de la revista.
Esta práctica existe desde hace
años y beneficia a editores y periodistas.
Se supone que el progreso de la ciencia
se apoya en la rápida diseminación
de resultados entre la comunidad científica,
pero este sistema supone una barrera en
ese sentido. Se puede suponer que el motivo
radica en que los editores no quieren
ofrecer al público información
incompleta e inexacta, pero a algunos
científicos les gustaría
disfrutar del mismo privilegio que los
medios. Incluso hoy día con Internet,
se mantiene esta alianza entre editores
y periodistas.
Y por último, aunque no por eso
menos importante, hay que destacar la
preocupación de los gestores de
política científica por
lograr que los resultados de la investigación,
financiada en su inmensa mayoría
por fondos públicos, trascienda
a todas las capas de la sociedad, ya que
es ésta quien en última
instancia la está financiando.
Este hecho tan obvio no se había plasmado hasta ahora con
tanta claridad como se refleja tanto en el VI
Programa Marco (2003-2007) como en el Plan
Nacional (2004-2007) y por otros organismos gestores de investigación.
La sociedad en su conjunto debe conocer y acceder a las parcelas
en las que se investiga, ya que su competitividad depende del conocimiento
científico hasta ahora difundido casi exclusivamente entre
la comunidad científica, y por tanto, con escasa trascendencia
entre la pequeña empresa y el ciudadano en general. Este
nuevo planteamiento ha sido posible gracias a la cultura creada
por la Sociedad de la Información que promueve y facilita
la interconexión de redes y el intercambio de información
y servicios entre instituciones, empresas y ciudadanos.
En definitiva, existe un sentimiento
de frustración por parte de los
científicos por no poder acceder
a las revistas que ellos mismos generan
a causa del precio de éstas, así
como una demanda por parte de los responsables
que gestionan la política científica
de facilitar y posibilitar la transferencia
del conocimiento científico-tecnológico
hacía todos los sectores de la
sociedad.
Esencialmente, estos son los motivos por lo que están surgiendo
un gran número de iniciativas apoyadas por los propios investigadores
y organizaciones de prestigio que desean que la situación
cambie y que la información generada por la comunidad científica
sea accesible para todos incluso de forma gratuita. Se trata de
la iniciativa Open Access.
La alternativa electrónica ofrece
a las comunidades científicas la
posibilidad de desarrollar un modelo de
comunicación científica
extensiva y que se apoya en la cooperación
entre los investigadores y las Editoriales
o Prensas Universitarias y las Bibliotecas
Científicas. Desde el momento en
que una publicación electrónica
es susceptible de ser guiada por las instancias
mismas de la Ciencia, tenemos la emergencia
de un nuevo modelo de publicación
que podrá desarrollarse compitiendo
con el modelo actual y que está
dominado por la conducta de los grandes
editores internacionales. |